Morelia, Mich. | Agencia ACG.- La bicicleta no sólo aparece en las calles como una forma de hacer ejercicio o salir a pasear. En Morelia, también es herramienta de trabajo, medio de transporte cotidiano y una alternativa para quienes buscan moverse sin depender del automóvil o del transporte público.
Este 3 de junio, Día Mundial de la Bicicleta, la fecha sirve para mirar una presencia cada vez más visible en la ciudad: bicicletas de montaña, urbanas, plegables, eléctricas, de carga o adaptadas para el reparto de comida y mercancías forman parte del paisaje diario en avenidas, colonias y calles del Centro Histórico.
Para muchas personas, la bicicleta representa ahorro, rapidez en trayectos cortos y una forma más accesible de trasladarse. En otros casos, es parte directa de la jornada laboral: repartidores, comerciantes, trabajadores independientes y personas que la utilizan para llegar a sus centros de trabajo dependen de ella todos los días.
Sin embargo, su uso cotidiano todavía contrasta con la falta de cultura vial y de respeto hacia quienes pedalean. En distintos puntos de la ciudad, ciclistas deben circular entre automóviles, transporte público, motocicletas, vehículos estacionados en zonas indebidas y conductores que no siempre guardan distancia ni reconocen su derecho a compartir la vía.
Aunque la bicicleta es reconocida como un medio de transporte limpio, económico y sostenible, en la práctica quienes la utilizan enfrentan riesgos constantes por la ausencia de infraestructura segura, la invasión de espacios destinados a la movilidad no motorizada y la poca conciencia sobre la vulnerabilidad de los ciclistas.
La fecha también recuerda que la movilidad no se limita a los vehículos motorizados. Cada ciclista que circula por la ciudad reduce emisiones, ocupa menos espacio en la vía pública y contribuye a una forma distinta de entender el traslado urbano, pero requiere condiciones mínimas de seguridad para hacerlo.
Más allá de la conmemoración, el Día Mundial de la Bicicleta plantea un pendiente para las ciudades: reconocer a quienes se mueven en bicicleta no como un estorbo en el tráfico, sino como parte de la movilidad diaria. En Morelia, donde cada vez más personas la usan para trabajar, estudiar o desplazarse, el reto sigue siendo construir calles más seguras y una cultura vial que respete también a quienes avanzan sobre dos ruedas.
