Con el despliegue de los monumentales Toritos de Petate y el orgullo de sus cuatro barrios tradicionales, el municipio celebra su identidad en una fiesta que une a familias y visitantes

Osiris Olachea / La Voz de Michoacán

Charo, Michoacán. El municipio de Charo se llenó de color, música, comparsas, tradición y celebración popular con el inicio del Carnaval 2026, una de las fiestas tradicionales más esperadas de la región, la cual combina identidad y ambiente festivo.

Este año, la comunidad y visitantes disfrutaron de la imponente salida de los Toritos de Petate, el estruendo de la banda y una explosión de color que paralizó las calles, reafirmando que en Charo la tradición no solo se hereda, se vive con el alma.

La celebración es un espacio de convivencia y orgullo, en la que los habitantes celebran su identidad y sus costumbres, recibiendo con los brazos abiertos a los visitantes que cada año se dan cita para recorrer sus calles en el tradicional desfile.

El alcalde de Charo, Gabriel Molinero Villaseñor, encabezó el recorrido lleno de color, en el cual participaron los toritos de petate ‘El Rey’, ‘El Cobra’, ‘El Tucán’ y ‘El Mexicano’, que avanzaron en compañía de sus comparsas.

La síndica del Ayuntamiento de Charo, María Aurora Báez Piñón, señaló que el carnal de este municipio es una de las expresiones más vívidas y un reflejo de sus comunidades y familias, que han sabido preservar y fortalecer esta tradición.

Señaló que mujeres y hombres de Charo dedican tiempo, esfuerzo y creatividad en la elaboración de máscaras, trajes y comparsas, que no son disfraces, sino obras artesanales que cuentan historias y mantienen viva su cultura.

El Carnaval de Charo es una tradición que se ha mantenido durante décadas, impulsada originalmente por los cuatro barrios: San Bartolo, San Pedro y San Pablo, Señor Santiago y San Juan, los cuales elaboran los coloridos toritos q      ue recorren las calles de la población.

Cada torito implica un proceso meticuloso en el que los artesanos charenses ponen todo su ingenio: primero imaginan el concepto y luego inician la elaboración de todas las partes, un proceso en el que cada habitante ha tenido alguna participación.

La creación de los toritos comienza en octubre y se hace desde cero: los cajones, los cuernos de toro, las flores, el empetatado, las máscaras y los cascarones rellenos de confeti.

No se trata de una competencia, es una celebración del ingenio de los artesanos de los barrios, una reiteración de sus raíces y una muestra de la unidad que caracteriza a su gente.

Un desfile lleno de tradición

El desfile de los toritos de petate marca el inicio del Carnaval: las figuras salen a las calles al ritmo de la chirimía y la banda de viento, que marcan el paso de los cargadores, quienes, con una fuerza y destreza admirables, dan vida a estas monumentales piezas artesanales que llegan a pesar varias decenas de kilos.

Este año, la seguridad y el orden fueron piezas clave para que las familias pudieran apropiarse de las plazas y calles. Los visitantes no solo fueron espectadores, sino participantes activos en una coreografía colectiva de baile y alegría, donde el tradicional intercambio de confeti y los gritos de júbilo unieron a locales y foráneos.

La derrama económica generada por el Carnaval 2026 también representa un impulso vital para los comerciantes de la cabecera municipal. Desde la venta de antojitos típicos hasta las artesanías locales, el evento se consolida como el motor turístico más importante de Charo, atrayendo miradas de todo el estado y el país hacia la riqueza cultural de Michoacán.

Con esta edición, el municipio no solo celebra su pasado, sino que asegura el futuro de su identidad, dejando claro que mientras haya un artesano diseñando un torito y un joven dispuesto a cargarlo, el corazón de Charo seguirá latiendo con fuerza.

Las actividades del carnaval continuarán hasta el próximo miércoles de ceniza, que marca el inicio de la Cuaresma: el domingo se realizan los jaripeos, el lunes es la celebración a las dos vírgenes y la tamaliza, y el martes se cierra con los últimos recorridos de los toritos.