México supuso para Cernuda el abandono de un profundo sentimiento que él mismo describió como un «vivir sin estar viviendo»
Liliana David, colaboradora La Voz de Michoacán
Entre los viajes esporádicos que había hecho el poeta Luis Cernuda a México desde Estados Unidos de 1948 y 1952, Morelia fue una de las ciudades que visitó en 1951, doce años después de que su entrañable amiga María Zambrano pisara temporalmente estas tierras. A diferencia de la filósofa, el poeta se estableció en su exilio final en la Ciudad de México, tras dos viajes iniciales que lo fueron envolviendo bajo la atmósfera y el encanto de los paisajes mexicanos, que pronto le evocaron su añorada y a la vez doliente España, a la que, por cierto, nunca volvió.
Precisamente, el tercer viaje a México, que duró de junio a noviembre de 1951, fue el que determinó su decisión de realizar una estancia definitiva en el país que lo vería morir en 1963. El exilio mexicano de Luis Cernuda (1902-1963) se prolongaría por once años y, cuando la muerte lo vino a buscar, tenía muy pocas pertenencias consigo, pues no había podido retirar el dinero ahorrado durante el trabajo que tuvo en California, ya que había quedado en una cuenta bancaria de Estados Unidos.
Portaba con él, a los 61 años, únicamente su extensa obra poética, repartida ya en varias publicaciones, revistas y periódicos, que tras su deceso alcanzaría una amplia recepción y un mayor conocimiento. Para James Valender, quien ha sido investigador incansable de la vida del poeta sevillano y es autor del libro Luis Cernuda en México, publicado en 2002 por el Fondo de Cultura Económica, debemos acercamos a comprender la figura de Cernuda únicamente a través de su poesía, y no ceder a la lectura o escritura de biografías que ponen los ojos de manera excesiva en sus correspondencias íntimas, pues desde ellas se dibuja muchas veces una imagen muy negativa del hombre, prestándose a malas interpretaciones sobre el verdadero poeta. Indagar en los retazos de su intimidad no hace justicia a un ser humano que apostó su vida entera a la perduración de su poesía.
Precisamente, en octubre de 1951, cuando vino al Colegio de San Nicolás, dictó una conferencia que fue dedicada a abordar la obra de dos grandes poetas españoles: Gustavo Adolfo Bécquer y Miguel de Unamuno.
El historiador Raúl Arreola Cortés así lo registra en las páginas de su relato acerca de los poetas visitantes de Morelia, en las que apunta: «Las conferencias dictadas por Cernuda fueron iluminadoras para los interesados en la evolución cultural de España, principalmente en el campo de la poesía moderna. Además, constituyeron nuevos acercamientos a la propia poesía de Cernuda, de la que algunos universitarios se convirtieron en seguidores en los años siguientes».
El poeta sevillano no sólo fue consiguiendo más lectores desde su participación en el Colegio de San Nicolás, también sus versos fueron publicados en Morelia en la revista Voces, editada por el grupo de los Magallánicos, que integraban Ramón Martínez Ocaranza, Enrique González Vázquez y Humberto Ávalos, según apunta Gerardo Sánchez Díaz, en su libro La presencia del exilio republicano español en la Universidad Michoacana 1938-1966.
Sin embargo, para James Valender, su obra Variaciones sobre tema mexicano es la que mejor da cuenta de la inspiración que consiguió Luis Cernuda durante sus visitas esporádicas a México, antes de exiliarse definitivamente en la capital del país. De esas anotaciones, en una especie de diario, surgiría una obra todavía poco conocida del autor sevillano, que en el pandémico 2020 reapareció en dos ediciones diferentes: una a cargo de la editorial Cátedra, y otra bajo el sello Alianza.
En ambos casos, los editores habían reunido el conjunto de textos escritos por Cernuda en México y los habían colocado junto con su obra de poemas en prosa Ocnos. Previamente, en 2014, también había aparecido en su natal Sevilla, a cargo de la editorial Renacimiento, un volumen titulado Ocnos seguido de Variaciones sobre tema mexicano. A través de estas ediciones, es posible acercarnos a sendas obras de Cernuda, en las que ofrece al lector un pretexto para ahondar en su prosa poética.
Estas Variaciones de Luis Cernuda se inscriben en el contexto de la década de los años cincuenta, cuando los intelectuales mexicanos invirtieron sus más acusados esfuerzos en dar rienda suelta a las reflexiones y ensayos sobre la identidad del país. Tal vez, esta sea una de las razones por las que poco se conoció dicha obra, pues la atención estaba en otros temas más nacionalistas. Sin embargo, en la edición facsimilar de Porrúa, José María Espinasa escribe: «Este libro es tal vez la apuesta más fuerte, literariamente hablando, de los años de exilio del poeta.
Se trata del texto más declaradamente deudor del romanticismo, en el que no sólo Hölderlin, sino también Goethe y Novalis resuenan en su horizonte». La poderosa voz poética de Cernuda fue reconocida por el ensayista y crítico literario estadounidense Harold Bloom, quien lo nombró uno de los grandes genios de la literatura contemporánea.
Luis Cernuda se convertiría en un gran poeta que se enamoró a primera vista de México y ofreció por ello su canto al país en forma de prosa; ahí, y en los vestigios que ofrecen su evolución como autor, encontramos la inspiración que consiguió viviendo su exilio en estas tierras.
México supuso para Cernuda el abandono de un profundo sentimiento que él mismo describió como un «vivir sin estar viviendo». Así se sintió al verse inmerso en la lengua inglesa, tanto en Londres como en EU, donde pasó parte de su vida. Por ello, el terruño mexicano fue la posibilidad de huir del doble extrañamiento de aquel primer exilio: el de la geografía y el de la lengua, puesto que «la lengua del poeta no solo es materia de su trabajo sino condición misma de su existencia», como él mismo escribió.
En otro de sus poemas que se titula «Ser de Sansueña», vuelve a dar cuenta de ese sentimiento de exiliado, expulsado lejos de España: «Las cosas tienen precio. / Lo es del poderío la corrupción, / del amor la no correspondencia; / y ser de aquella tierra lo pagas / con no serlo de ninguna: / deambular, vacuo y nulo, / por el mundo, que a Sansueña y sus hijos desconoce». En palabras de Octavio Paz: «Es este uno de esos poemas “intensos, lúcidos y punzantes” de Cernuda en que afronta acremente la realidad trágica de un país, el suyo, que lo arrojó de sí y del que hubiera querido ‒y no puede‒ sentirse ajeno. Al final de dicho poema, Cernuda remata diciendo: «Vivir para ver esto. / Vivir para ser esto»; dos versos que resumen el sentir de un ser humano descorazonado que se siente morir de pena y de rabia, en ajeno rincón, en extraño mundo.
Números
1951 visitó el Colegio de San Nicolás
1963 murió en su exilio mexicano
Liliana David es Doctora en Filosofía por la UMSNH. En 2001, comenzó su trayectoria como periodista cultural en los principales diarios del estado (Provincia, Sol de Morelia y La Jornada Michoacán). Del 2006 al 2013, fue reportera de la sección de cultura en La Voz de Michoacán y, tras siete años de diarismo, inició sus estudios de posgrado en la Maestría en Filosofía de la Cultura de la UMSNH, participando en Congresos y Seminarios internacionales tanto en México como Argentina y España. Desde el 2021, colabora en larevista española Contexto (Ctxt) y en Diario Red. Ha publicado en el libro colectivo Ctxt, una utopía en marcha, editado bajo el sello de Escritos Contextatarios. Actualmente, tiene interés en la investigación de las relaciones entre la literatura y la filosofía, la identidad y la migración, así como en la divulgación del pensamiento a través del periodismo.