Mauro Díaz Baeza / Acueducto Noticias
Si has estado en un mitin de campaña, lo entenderás: la vibra era la misma. Solo que para las elecciones en Michoacán todavía falta… más de un año. Aunque aquí no se hablará de adelantar tiempos —eso le toca al IEM—, basta decir que en política siempre encuentran las lagunas. Y no es exclusivo del PAN.
Banderas azul y blanco agitándose sin descanso, playeras con logos que ya se saben de memoria, tambores marcando un ritmo que más que animar, ordena. La gente avanzaba desde Las Tarascas hacia Plaza Morelos (el Caballito) entre consignas también hubo dudas y curiosidad de los que caminaban por la calzada. “¿Qué está pasando?”, preguntaba ante la magnitud poco convencional. “Es del PAN…Morelia es Panista”, respondía otro. Y con eso bastaba para seguir caminando.
El caos empezó se veía reflejado varias cuadras a la redonda, la ciudad lo resintió como suele pasar: tráfico detenido, rutas desviadas, miradas desde las combis. “¿Ahora que tomaron?”“Hay un mitin, hablaban los pasajeros”
Ya en el lugar, el evento tomó forma bajo un título largo: Alfonso Martínez Alcázar fue nombrado “coordinador del cambio y la defensa de la familia”. Un cargo que suena más a consigna. Horas antes, el dirigente nacional del PAN lo había dicho sin rodeos: es un posicionamiento. Es decir, una forma de empezar a colocar un nombre donde todavía no hay candidatura oficial. Un destape sin decir “destape”.
La gente lo entendía a su manera: aplausos, porras, celulares grabando. Llegaron de distintos puntos del municipio y del estado. Militantes, simpatizantes, curiosos. Un señor acomodaba la gorra del PAN debajo del sombrero. También había niños, cargando banderas más grandes que ellos, repitiendo frases que alguien más escribió… :
Que por cierto ¿No que con los niños no? ¿Aquí sí es válido “imponer una ideología”?
Del otro lado de la plaza entre el azul y blanco, algo rompía la escena: una bandera de colores ya conocida como la de la diversidad sexual ondeando sin pedir permiso. No era menor. Menos en un partido que ha tenido tensiones constantes con esas agendas. Ahí estaba, generando una imagen que no termina de resolverse, pero que tampoco se puede ignorar.
Y en medio de todo, la duda: ¿qué tan conocido es Alfonso Martínez fuera de Morelia? Porque la capital tiene su propia lógica, pero el estado es otro mapa. En términos prácticos, Morelia está más cerca de Guanajuato (territorio panista) que de la Tierra Caliente. No solo en distancia, también en dinámicas. Pero eso no alcanza para proyectarse hacia todo Michoacán.
En el templete, los discursos siguieron la línea conocida, como siempre intentando conectar con ese cansancio que no es nuevo, el hartazgo estaba ahí, listo para ser nombrado. Y se nombró. Pero la escena decía algo más.
Y una escena imposible de ignorar… Porque sí, es un evento masivo y las vallas son necesarias. Orden, seguridad, logística. Pero esa separación recuerda a otra que ha existido, existe y probablemente seguirá existiendo. De un lado, la gente apretada bajo el sol; del otro, sillas, camisas blancas, templete, micrófonos. Y aunque se bajen, aunque se acerquen, hay una distancia que no se desmonta tan fácil… la desigualdad.
El hartazgo que se convierte en discurso no siempre se vive igual en ambos lados.
Mientras tanto, la ciudad lo procesa a su manera: entre el tráfico, la curiosidad y la costumbre.
“Hay un mitin”, dicen.
Pero no es solo eso. Es lo que viene.
