La Máxima casa de estudios de Michoacán, la UMSNH, se ha vuelto el flanco del interés jurídico donde la duda es la soberana para miles de estudiantes nicolaitas que observan con perplejidad cómo las puertas se abren y se cierran al son de una ley que aparenta no localizar un lugar de equilibrio permanente entre la justicia a la huelga y del derecho inequívoco a la educación superior en el estado.
El ir y venir de los decretos que primero se manifestaron en la libre entrada y después recuperaron el cierre completo de los recintos universitarios, instruye una confrontación de locomotoras entre jueces de distrito y magistrados colegiados que perciben la ley con gafas diferentes, mientras que la rutina académica se estaciona de golpe bajo la narrativa de la autonomía sindical y la tensión justificada del SUEUM.
Como un espejismo la corta abertura que accedió el regreso a las aulas pues el tribunal colegiado reparó la plana al juzgado inicial para dictar que una huelga sin cierre total de actividades es un contorno invisible en nuestra Carta Magna que finalizará por invalidar la esencia absoluta de la lucha de la clase trabajadora, y la exigencia de las y los obreros.
Por el momento, el conflicto se eleva a una dimensión donde únicamente la Suprema Corte de Justicia de la Nación podría otorgar luz verde oficial sobre este choque de normas constitucionales que persiste a la casa de Hidalgo en incertidumbre mientras los salones de nuevo quedan vacíos y la política interna se presiona ante la carencia de arreglos que resuelvan la raíz del problema.
El peligro de un ciclo escolar hundido saluda a un lado de la puerta de incapacidad de cumplir con los proyectos académicos y los días de exámenes que hoy parecen inaccesibles por el cierre de linstalaciones nicolaitas que involucra seriamente la titulación de cientos de egresadas y egresados, junto con el ingreso de los nuevos candidatos a los salones universitarios.
