Jaime del Río Salcedo llegó a la Fiscalía General de la República (FGR) Michoacán este 1 de mayo con el reloj encima. La delegación estuvo acéfala dos meses y el Plan Michoacán cumple seis meses.
Y, si, arriba con más preguntas que respuestas. Ernestina Godoy no lo puso ahí para administrar. Cotija lo vio nacer y la UMSNH le dio mención honorífica. Fue subprocurador en Morelia y Zitácuaro.
Estuvo en la procuración de justicia cuando el crimen ya cobraba piso en los ayuntamientos. Cierto, conoce el terreno. Sabe que aquí en Michoacán algunas carpetas se litigan con la pistola en la mesa.
Él no es nuevo en la presión. De 2018 a 2021 siguió acuerdos del Gabinete de Seguridad, a nivel federal, bajo las órdenes de AMLO. Coordinó Seguridad, Sedena y Marina. Aguantó, veremos si aquí puede.
Sin embargo, difícilmente Michoacán 2026 perdona burócratas de escritorio. El asesinato del alcalde Carlos Manzo Rodríguez sigue sin esclarecerse del todo y la extorsión vive en los padrones de comerciantes.
Aquí, en territorio michoacano el «rigor jurídico» de cuando fue titular del Tribunal Electoral de Estado de Michoacán (TEEM) debe volverse órdenes de aprehensión. El «déjà vu» pesa y cuesta.
Los hoy expresidentes del país: Felipe Calderón Hinojosa envío tropas, Enrique Peña Nieto dinero y Andrés Manuel López Obrador censos. Todos prometieron paz y el crimen contestó con más violencia.
Del Río tiene que probar que la Fiscalía General de la República, al menos en la entidad, no es comparsa, es golpe. O será uno más en la lista, con la gran mayoría de sus antecesores en la titularidad estatal.
Si, Ernestina Godoy Ramos purgó 15 delegados en febrero. Y, si, eligió a Del Río es porque busca institucionalidad con acción, porque Michoacán no pide otro jurista que diagnostique el problema.
La titular de la FGR Exige un fiscal que judicialice a quienes lo provocan. El carácter se mide en la primera crisis. Viene Coahuayana, viene la elección y la exigencia por el caso Manzo.
Si entrega expedientes y no pretextos, tendrá el perfil, sino será otro nombre para el olvido, como lo fue su paso reciente en el Centro de Cooperación Regional para la Educación de Adultos en América Latina y el Caribe (CREFAL).
