El estado de Michoacán camina entre los restos de antiguas organizaciones delictivas junto a la promesa de una paz que, al fin, ya no aparenta tener presupuesto. Evidentemente, el hueco incrustado por Carlos Manzo y la caída de “El Mencho” singularizan una ruptura inminente en la entidad.
El plan Michoacán por la paz y la justicia no sólo es un nombre estridente; pues son 57 mil millones de pesos los que buscan dar un respiro a la tranquilidad, a la armonía. La inversión social es una apuesta por la presidenta Claudia Sheinbaum antes que la conflagración.
A pesar, de la caída de “El Mencho”, lo cual se esperaba la calma, trajo una rotura que convierte a la bestia más impredecible. Entonces, las huertas uruapenses y brechas de Buenavista aún mantienen un ambiente efervescente y con la duda hacia el relevo.
Regiones en específico como Tierra Caliente, operan grupos como “Los Viagras” y células del CJNG contienden cada parte de las rutas del limón, es donde la tecnología como los drones y las trampas explosivas continúan retando el comunicado oficial del estado.
Por su parte, al oriente de la entidad aumenta la sombra de los hermanos Hurtado Olascoaga en la minería y la madera, como constante mensaje del control territorial. Lo cual, lleva a que no hacen tratos con La Familia Michoacana, pues controlan el miedo mediante una aparente y engañosa tranquilidad, entre comillas, diríamos que, demasiada.
Mientras que, la contestación oficial que con acciones que van como la actuación del Plan Paricutín, el cual ha disminuido la cantidad de homicidios, pero, en donde el verdadero cáncer continúa siendo la extorsión. El éxito del plan será en el resultado real de los efectos y no de los boletines.
Efectivamente, seguimos sobre una calma receptiva que es tendida de alfileres verdes, de tipo federal, como de una derrama económica que comienza a impregnar. Lo cual lleva a un análisis prudente, donde los síntomas son finanzas que no siempre cubren como se gustaría en esta enfermedad llamada crimen.
Al final, las y los michoacanos, que desde a pie, observan con reserva los alargados desdoblamientos de seguridad y de recursos federales, que no sean otro llamado de alerta. Cierto, el lapso de actuar llegó, pero, falta ver si se puede mantener por el estado.
