“Buffalo Bill ‘s
defunct
who used to
ride a watersmooth-silver
stallion
and break onetwothreefourfive pigeonsjustlikethat
Jesus
he was a handsome man
and what i want to know is
how do you like your blue-eyed boy
Mister Death”
Héctor DIMAS / ACG.-Como parte de un movimiento que solo puede describirse como una revolución, Cummings transformó la poética más allá de sus etapas previas de simbolismo, imagismo e incluso verso libre. Lo hizo mediante un estilo de escritura: palabras en minúscula, paréntesis y ampersands; el uso del espacio para crear efectos especiales que dirigían e impulsaban el significado; la unión de palabras; y la transformación de adjetivos en adverbios. Con nuevas combinaciones, convirtió la semántica en significado e incorporó el arte de la visión al lenguaje.
Cummings nunca escribió una palabra que no estuviera profundamente sentida; cada palabra representaba para él una experiencia individual primaria; una visión personal que nadie podía comprar ni vender. Despreciaba a quienes, según él, vendían su alma, ya fuera en la poesía, la política o los negocios.
Lo que destaca en su obra es que ninguna escena se induce artificialmente: no imagina lo que podría haber sido, ni conjetura; se adentra con credibilidad, exponiendo la vida real, sus actividades reales y sin filtros, y a partir de esto revela motivaciones y, finalmente, una visión del mundo. Afortunadamente, su poesía ocupa el paisaje, de modo que podemos apreciar la musicalidad de la obra, así como la vida que la sustenta.
Las preguntas que siempre nos hacemos al hablar de él son: ¿por qué ha perdurado?, ¿cómo explicamos su popularidad sin precedentes, tanto en vida como años después?, ¿una celebridad incluso para quienes no leen poesía? Si bien podemos mencionar la revolución que lideró con el lenguaje, hay algo más.
¿Cuál es la vigencia de E.E. Cummings? Aparentemente, no tiene fecha de caducidad, ya que cada generación se enamora una y otra vez de este ingenioso poeta. Su obra desentraña la complejidad de un genio que aportó significativamente al género.
LAS MINÚSCULAS
La verdad es más complicada que el mito. Cummings casi siempre firmaba con mayúsculas: “E.E. Cummings” en cartas, contratos y en las portadas de sus libros. Las minúsculas fueron decisión de sus editores y críticos, sobre todo a partir de “Tulips & Chimneys”, en 1923. Pero él nunca lo corrigió porque encajaba perfecto con su poética: rechazaba la autoridad, las jerarquías y la solemnidad tipográfica. Escribir en minúsculas era despojar al “yo” de importancia, nivelar el nombre propio con el resto de palabras del poema, volverlo parte del paisaje y no título del monumento. No fue pose legal, fue estética radical. Su nombre tipográfico se volvió extensión de su guerra contra las mayúsculas del poder: políticas, académicas y gramaticales.
