La artista continúa abonando a una historia que bien pudiera inspirar una colección literaria o una serie de televisión: “El Reino de Yuppieland”

Rita Gironès, colaboradora La Voz de Michoacán

Además de pertenecer a la Ciudad de México, se define orgullosamente Chintolola, gentilicio coloquial y amoroso utilizado para las gentes originarias o habitantes de la delegación de Azcapotzalco. Le gusta mucho decirlo. Se siente orgullosa de ese pasado pre-hispánico, cuna y lugar del pueblo tepaneca que tuvo choques, principalmente, con los mexicas.

De aquel entonces, su terruño conserva algunos vestigios pre-hispánicos y también una catedral bellísima, recinto que alberga la capilla del Rosario de amplio corazón barroco. Rocío se abrió camino en el arte siendo una niña y sorprendió a los suyos con singular talento.

De chiquita, cuando había concursos delegacionales en las escuelas, corrían a buscarla para que fuera ella quien dibujara o pintara. Hoy, después de 34 años dedicándose a las artes plásticas, la artista continúa abonando a una historia que bien pudiera inspirar una colección literaria o una serie de televisión: “El Reino de Yuppieland”.

La narradora visual no pretende denunciar la realidad ni tampoco quedar en un rollo panfletario, pero sus piezas subrayan y ponen acento en las cosas que sí le ocupan. Visualmente el espectador quedará abducido.

La artista mexicana no es explícita en el contenido, hay muchos detalles y mensajes encriptados en las obras que no se perciben a simple vista. Es el gran secreto, comenta, “descifrar que está diciendo la obra, incluso en cuestiones políticas”. Llega la oportunidad de ahondar en cada lienzo para ir descubriendo sus capas. Su exposición en Clavijero podrá visitarse hasta el mes de junio.

¿Qué querías ser de niña?

No recuerdo exactamente, pero lo que sí puedo decirte es que era una niña muy inquieta y muy creativa. Era una niña muy contemplativa a la que le gustaba imaginar mundos. Recuerdo que me subía a un árbol cuando era chiquita y yo me sentía grande. Desde allí podía ver las copas de los árboles y sentía que eran montes o cerritos. Imaginaba historias. Siempre he tenido esta necesidad de contar imágenes que llevo dentro. En algún momento, me hubiera encantado ser escritora, pero se me dio la habilidad de pintar. Entonces lo que yo hago es hacer narraciones visuales. Soy una contadora de historia. Ya de adolescente quise ser administradora de empresas y empecé a estudiar esa carrera, pero ahí me di cuenta que lo mío era lo artístico. Estudié en una escuela de iniciación artística del INBAL y terminó por ganarme.

¿Qué quieres ser ahora?

Seguir con esto, porque la verdad ya no sé hacer otra cosa (Risas) Ya olvidé lo de administración hace muchos años. Siento que lo único que sé hacer es pintar y crear estos mundos y soy muy feliz haciéndolo. Tengo 20 años creando una historia llamada El Reino de Yuppieland que nació sin querer queriendo.

¿Cómo se ideó este proyecto?

Verás, se ha ido construyendo con el tiempo. Empezaron como series de este gran mundo de estos hombres trajeados. Es una larga historia que empezó como un enamoramiento con estos hombres acartonados, elegantes, y sus anécdotas. La primera exposición de ellos fue el Anecdotario de Los Duendes Grises. Después siguió El Código Gris. Pensé que no cualquiera podría hacer estos personajes.

El Anecdotario eran hombres de poder en una ensoñación con la infancia donde ellos querían regresar a ser niños. Allí hay muchas pinturas donde ellos están en el triciclo, el caballito, etc. Hombres elegantes jugando a ser niños. Y sentí que no cualquiera podía ser parte de esta cofradía gris. Por eso me inventé el Código Gris (tengo escrito el guion en 5 capítulos, además que ha sido editado mi proceso de trabajo de estos 18 años). Es un libro de aprendizaje para estos Yuppies: Había que estudiar las 50 lecciones. Yo me imaginaba que se juntaban en algún lugar, tipo getto, y sacaban el libro y estudiaban lección por lección. Esta serie pictórica está contada por lecciones.

Y dentro del Código Gris hay un capítulo que se llama “La obediencia ciega” y trata sobre cómo ellos van a lograr manipular al mundo. Dentro de ese capítulo entendí que estos personajes no eran tan inocentes, sino que su misión era apoderarse de las mentes y de los sueños de los demás. De “La obediencia ciega” hice una exposición que se llama De crímenes y Castigo, que presenté en el Museo del Arzobispado en México y ahí es donde aparecen los primeros con máscaras.

Eso para mí fue una revelación, una epifanía, de que estos personajes eran otros: había que construirles es identidad en la cual eran unos perversos queriéndose apoderar de los demás súbditos. Fue en el 2013, tengo 13 años con la gente enmascarada. El mundo real me ha dado mucho para esa construcción de identidades. Estos hombres dedicados a no hacer nada parecieran como holgazanes dedicados a la ataraxia (mal entendida, como un rollo de Epicúreos). Finalmente están inmersos en un hedonismo. Estas series son como las colonias dentro de este gran reino.

Principal rasgo de tu carácter.

Soy muy tenaz.

¿De qué crees que sirve el arte en un mundo tan caótico como el que vivimos?

El arte principalmente da gusto al alma, suponiendo que exista dentro de nosotros. Es un placer de llenarse el alma, los ojos, los sentidos, mirando algo que te gusta. Y eso, incluyo todas las artes, hasta contemplar la misma naturaleza, dentro de ese sentimiento que da la contemplación.

¿Qué importancia le das a las palabras? ¿Y al silencio?

Yo tengo que estar sola trabajando, sino me distraigo. Yo suelo ser muy volátil de repente y con cualquier cosa me distraigo. Prefiero estar sola trabajando, pongo música muy suave y depende de qué esté pintando escogeré el tipo de música, pero generalmente trato de tener una música que no me haga mucho ruido interno, que no me estorbe en el trabajo creativo.

¿De qué te sientes orgullosa?

De mi trayectoria.

¿De qué te arrepientes?

No sé, quizás de no haber tomado decisiones por miedo en algún momento de la vida que pudieron hacer una diferencia, pero tampoco lo sabré…

Si te pudieras sentar a platicar con algún personaje histórico, ¿con quién sería y de qué platicarían?

Quizás con David Lynch o Peter Greenaway. Me encantan no solo como cineastas, sino como artistas. Me fascina que son de mundos muy complejos y es precisamente esa complejidad que me encantaría comprender sus mundos maravillosos.

¿Crees que el arte debe tener un componente político?

No necesariamente tienen que tenerlo. Más allá de la misión contemplativa y el placer que te procura, también tiene una misión de ser testigo, de atestiguar parte de su entorno social y de tiempo que le toca a la obra estar ahí. Hay obras que se pueden volver atemporales. La vida del ser humano es medio cíclica, entonces hay obras que puedes ver que pintaron hace 100 años, pero que resultan vigentes. Pero también hay pinturas que tienen otra misión en la vida. Pienso que hay para los artistas distintos universos dentro del arte y todos son válidos. El público será quien va escogiendo quién serán los que pasarán a la historia. Yo pinto la obra primero para mí, luego para mí, y luego para mi papá… que ya no está, pero siempre fue mi fan número 1.

¿Qué cualidad admiras en las personas y qué detestas de la gente?

Me gusta mucho la gente que es disciplinada, yo lo soy muchísimo. Me gusta la gente alegre y que sume, todo lo que no esté en esa sintonía lo dejo pasar.

¿Qué haría si fueras millonaria?

¡Viajar e ir a todos los museos del mundo!

¿Qué es para ti la Cultura, Rocío?

La Cultura es un lugar donde se acomoda todo lo mejor de la gente. Es la suma de muchas cosas. Como yo soy muy visual, te diría que cuestiones muy visuales. Hasta la literatura y la música son visuales. Para mí, la Cultura sería la encarnación de una suma de imágenes visuales que me atrapan y me llevan.

Rita Gironès, escritora, docente y artista escénica. Catalana y mexicana. Lleva 20 años residiendo en Michoacán trabajando activamente por la cultura. Apasionada de las Humanidades, obtiene el Premio Nacional de Dramaturgia en México, 2022.

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