El Derecho a la Ciudad
ILUMINACIÓN URBANA AL INFINITO Y MÁS ALLÁ
Salvador García Espinosa y Javier Ballesteros Paredes
Las ciudades se han caracterizado por ser el ambiente artificial en el que vivimos, a grado tal, que se nos olvida que formamos parte de la naturaleza, y muchos de los que calificamos como “avances tecnológicos” conllevan implicaciones de muy diverso tipo y magnitud en nuestro organismo. Uno de los factores más evidentes que caracterizan el ambiente urbano, en espacios abiertos y cerrados, es la iluminación, que nos permite establecer horarios y actividades sin estar sujetos a la disponibilidad de la luz solar.
El tema viene a colación porque la semana pasada el alcalde del Ayuntamiento de Morelia puso en funcionamiento 66 luminarias sobre la acera oriente de la Av. Ventura Puente. La particularidad de este sistema es que las luminarias, montadas sobre postes verticales colocados a nivel de banqueta, quedan a nivel del peatón. A decir de la autoridad municipal, esto es “con la finalidad de evitar que las ramas de los árboles obstruyan la luz, brindando mayor seguridad para peatones y automovilistas”. Desgraciadamente esto no es así.
Primero que nada, al estar “a nivel de cancha”, y emitir su luz en todas direcciones, encandilan al automovilista, dificultando visualizar al ciclista o al peatón cruzando la calle. Este hecho, que todos podemos verificar, contrasta con el Reglamento Municipal para la prestación del servicio de alumbrado público que data del 2003, el cual señala que el “Sistema de alumbrado público debe proporcionar para peatones, así como a conductores de vehículos, un ambiente de comodidad y seguridad…”.
Un segundo problema con múltiples aristas es el de la contaminación. Al emitir la luz en todas direcciones, la mitad de la energía se va…. “al infinito y más allá”, por no usar otra frase conocida por todos los mexicanos. En otras palabras, estamos gastando energía no para permitir un mejor alumbrado que de seguridad y comodidad, sino para iluminar la atmósfera. Y podríamos preguntarle: ¿le parece bien que una fuga de agua se quede abierta durante días sin que el organismo operador la repare? ¿le parece bien que una fuga de petróleo permanezca durante semanas mientras el gobierno niega su existencia? ¿debería de parecernos razonable que la mitad de la luz que se utiliza en estas luminarias se vaya en alumbrar el cielo durante años?
Pero hay otro problema. Estas luminarias contribuyen a dos tipos de contaminación: de gases, porque en nuestro país la energía eléctrica tiene mayoritariamente un origen fósil, y lumínica. Dejemos la contaminación por quema de restos fósiles para otro momento, y pasemos por lo pronto a una menos discutida, la lumínica, que tiene varias aristas.
Por un lado, está documentado que tiene efectos importantes sobre la biodiversidad, ya que desorienta a las aves migratorias y altera el ciclo de vida de insectos polinizadores. Por otro lado, reduce el derecho de la gente de tener un cielo estrellado. Hace unas semanas, a uno de nosotros (JBP) lo invitaron a visitar el Telescopio Vera Rubin, un telescopio situado cerca de La Serena, Chile, y que tomará la primera película del Universo, capturando todo el cielo nocturno cada tres días, y repitiéndolo durante 10 años. Lo primero a decir es lo importante e impresionante del cielo estrellado. En efecto, un cielo estrellado nos pone en perspectiva como humanidad en nuestro Universo. Despierta la curiosidad por conocer nuestro origen, despierta el asombro, al darnos cuenta lo infinitamente pequeños que somos ante la inmensidad del Universo. Despierta nuestro sentido de la estética, pues un cielo estrellado puede ser tan estético como cualquier paisaje natural. Pero, además, un cielo estrellado puede, incluso, ser una fuente de recursos económicos. Por ejemplo, en Chile, el cielo estrellado es un activo turístico. Enclavadas en los Andes, existe cualquier cantidad de cabañas para turistas donde el atractivo es, precisamente, el cielo estrellado. Tan es un activo económico, que las ciudades y pueblos cercanos a los telescopios internacionales están haciendo un esfuerzo serio por evitar la contaminación lumínica, colocando alumbrado especialmente diseñado para contaminar lo menos posible.
Pero regresemos a Morelia. Es cierto que la contaminación lumínica previa a estas luminarias nuevas ya era considerable. Sin embargo, el no hacer cambios para evitar aumentar la contaminación hace que el problema crezca. No solamente afectamos Morelia, sino la región alrededor. Por ejemplo, hoy día el brillo del cielo nocturno de Morelia invade el cielo de Tzintzuntzan, a 40 km de distancia. Existe comercialmente alumbrado que permite el ahorro de energía eléctrica, a la par de evitar la contaminación lumínica, en ocasiones conviene analizar proyectos integrales y no sólo modas pasajeras, porque de esas Morelia es un muestrario, sin que se consolide un proyecto a largo plazo.