Las crónicas indican que Juan Colorado sí existió. Se llamaba Jesús Cintora e inspiró inicialmente una pirekua titulada El gallo colorado, que Esparza Oteo

Jaime Vázquez, colaborador de La Voz de Michoacán

Montado en la silla de plata, cuero y marfil, sobre su caballo Huracán, el pendenciero Juan Colorado llegó cabalgando desde Michoacán a la música mexicana en los años treinta.

Recorría confiado por montes y valles, en el horizonte michoacano, su tierra de origen; brindaba con charanda por sus éxitos como conquistador de mujeres hermosas y por sus victorias en los enfrentamientos con pistola o machete para dejar en claro quién es el mejor entre los “más salidores”.

Eso dice la letra del corrido de Juan Colorado, compuesto por el capitalino Felipe Bermejo y el aguascalentense Alfonso Esparza Oteo para pintar un clásico antihéroe de la canción vernácula: el valiente y bandolero, el enamorado y violentador, el matón que cruza cantando sus hazañas en medio de la algarabía popular.

Las crónicas indican que Juan Colorado sí existió. Se llamaba Jesús Cintora e inspiró inicialmente una pirekua titulada El gallo colorado, que Esparza Oteo (se menciona como coautor a Tata Nacho) escuchó y transformó.

En 1939, bajo el sello RCA Victor, Lucha Reyes grabó en la cara A del sencillo La Panchita, y en la cara B Juan Colorado, con el Mariachi Vargas de Tecalitlán acompañando este son michoacano que comenzó a popularizarse hasta llegar a tener cerca de 200 versiones registradas, con las voces de Amalia Mendoza, Lola Beltrán o Antonio Aguilar, entre muchos otros intérpretes. 

Quizá la versión de Lucha Reyes, la “reina de la canción ranchera”, no fue la primera en dejar testimonio grabado de Juan Colorado, pero el valentón michoacano se hizo presente en la pantalla grande por primera vez en 1946, en la película Aquí está Juan Colorado, dirigida por Rolando Aguilar.

Raúl de Anda encarna a Juan Colorado, transformándolo en general de la Revolución Mexicana. Un “alzado” que tiene sus diferencias con el capitán federal Carlos Álvarez, interpretado por Luis Aguilar.

Entre escaramuzas guerrilleras Juan toma el Tuxpan michoacano y luego arriba a Tajimaroa, en Sonora, para revivir un viejo romance. Emilio García Riera comenta sobre esta película: “En este melodrama a la gloria de un héroe perfecto, el director, productor, argumentista y actor (Raúl de Anda) describió a la Revolución como una simple coyuntura favorable al melodrama: se trataba sobre todo de que el amor triunfara sobre las diferencias sociales”. Y de paso, entre las diferencias ideológicas.

“Vayan escondiendo todas las gallinas de los espolones de Juan Colorado; un amor muy triste señaló su vida por eso se ha vuelto tan enamorado”, dice la canción que abre los títulos de la película Los cuatro Juanes (1964) de Miguel Zacarías, epopeya de balazos y trancazos en la que se reúnen con Juan Colorado (Antonio Aguilar) otros tres juanes valentones: Juan sin miedo (Luis Aguilar), Juan Charrasqueado (Narciso Busquets) y Juan Pistolas (Javier Solís).

Los cuatro Juanes insiste en relatar aventuras en el marco de la Revolución. Montado en su caballo, con la destreza que lo caracterizó como jinete, Antonio Aguilar es aquí un Juan Colorado que canta el son michoacano mientras demuestra su dominio sobre su “cuaco el Huracán”.

Ya sin los otros tres juanes, Zacarías filma en 1965, ahora a todo color, Juan Colorado, con Antonio Aguilar en el papel protagónico. Aguilar canta, enamora a las muchachas, se enrola en las fuerzas revolucionarias y viste de rojo, para que “la sangre no se note si le disparan”.

A Zacarías no le bastaban estos juanes, en 1961 había dirigido Juana Gallo, con María Félix, otra aventura revolucionaria basada en la vida de la zacatecana Ángela Ramos Aguilar.

Para continuar zapateando y cantando el son, se entona en tierras michoacanas también El regreso de Juan Colorado, porque “…en Uruapan lo vieron cantando en un queliteal y en La Ruana unos valientes lo invitaron a pistear, pero Juan dijo sonriendo: no más charanda para brindar. Por Zamora y por Lombardía, la gente al verlo correr, decía ahí va el colorado, hombre de grande poder (…) unos dicen que a la costa se fue de nuevo a querer. Lo cierto es que Juan Colorado no se ha dejado encontrar. Dicen que en noches de luna su sombra se ve pasar, montado en el Huracán rumbo al cerro de Apatzingán”. 

Jaime Vázquez, promotor cultural por más de 40 años. Estudió Filosofía en la UNAM. Fue docente en el Centro de Capacitación Cinematográfica. Ha publicado cuento, crónica, reportaje, entrevista y crítica. Colaborador del sitio digital zonaoctaviopaz.

@vazquezgjaime