Morelia, Michoacán/Félix Madrigal/ACG 

Una ventana, un sótano y una historia de amor que terminó en tragedia. En una de las antiguas casonas de la Calzada Fray Antonio de San Miguel, donde hoy se encuentra el Centro Cultural UNAM Morelia, una leyenda sigue despertando curiosidad entre quienes se acercan a conocer sus rincones: la de una joven que, según cuentan, murió pidiendo un pedazo de pan y un vaso de agua.

El relato comienza mucho antes de llegar a esta ciudad, en España, donde Juan Núñez, un acaudalado comerciante, vivía enamorado de Leonor, con quien tuvo una hija del mismo nombre. La felicidad familiar duró poco, pues la madre enfermó y falleció, dejando al comerciante al cuidado de la pequeña.

Con el paso del tiempo, Juan volvió a casarse. Su nueva esposa, Margarita, llegó a la vida de la niña, aunque aquella relación familiar pronto tomaría un rumbo distinto al esperado. Los negocios del comerciante comenzaron a venirse abajo y decidió cruzar el océano para establecerse en la antigua Valladolid, hoy Morelia, acompañado de su familia.

Fue en esta ciudad, entre los pasillos y habitaciones de una de las casonas cercanas al Acueducto, donde Leonor creció hasta convertirse en una joven de gran belleza. Sin embargo, de acuerdo con la leyenda, su madrastra comenzó a sentir celos de ella y buscaba mantenerla alejada de cualquier pretendiente.

Cuando su padre salía de viaje por asuntos de negocios, Margarita supuestamente la encerraba en una habitación y solamente le permitía salir los domingos para asistir a misa en la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, al final de la calzada.

Aquellas salidas se convertirían en la única oportunidad para Leonor de encontrarse con el amor. Durante uno de esos recorridos conoció al capitán Manrique, un joven que formaba parte de las fuerzas del virrey. Bastó un cruce de miradas para que ambos quedaran enamorados.

La historia cuenta que comenzaron a buscarse a escondidas. Por las noches, Leonor descendía por las escaleras de la casona hasta llegar al sótano, donde una de las ventanas les permitía encontrarse. Ahí, junto a la tercera ventana, el capitán le dedicaba poemas, le hablaba de amor y alimentaba la ilusión de un futuro juntos.

Pero el secreto no duró demasiado. Uno de los criados descubrió sus encuentros y fue a contárselo a Margarita, quien, enfurecida, decidió castigar a la joven de una manera todavía más cruel: la encerró en aquel sótano y ordenó cubrir las ventanas con madera.

Antes de marcharse, Manrique le prometió que viajaría a la capital para solicitar al virrey el permiso necesario para casarse con ella. Leonor esperaría su regreso, sin imaginar que aquella promesa se convertiría en una espera interminable.

La versión más conocida de la leyenda cuenta que Margarita ordenó a los criados no darle alimentos ni agua. Desesperada por sobrevivir, Leonor habría comenzado a rascar la madera de la ventana con sus propias uñas hasta conseguir abrir un pequeño agujero. Por aquel espacio sacaba su mano hacia el exterior, buscando que alguien escuchara sus súplicas y le entregara un poco de pan o agua.

Pero nadie respondió a sus llamados.

Los días pasaron y, según el relato, la joven terminó perdiendo la vida en aquel sótano, con la mano extendida hacia una calle que parecía no escucharla.

Cuando el capitán Manrique regresó a Valladolid, encontró a Juan Núñez y le contó que había conseguido el permiso para casarse con su hija. La noticia quedó interrumpida por el grito de uno de los criados, quien les informó que Leonor había muerto.

Desesperado, el capitán bajó hasta el sótano y tomó entre sus brazos el cuerpo de su amada. Después la llevó hasta la iglesia donde, según la historia, ambos se habían enamorado, y pidió al sacerdote que los casara, incluso después de su muerte.

Las versiones sobre el destino final de Leonor son distintas. Algunas cuentan que Manrique la enterró bajo un árbol de la calzada; otras señalan que sus restos quedaron en el jardín de la iglesia o en algún otro templo de la ciudad. No existe una versión única sobre dónde terminó su historia.

Sin embargo, la leyenda no termina con su muerte.

Quienes cuentan esta historia aseguran que, después de las 20:30 horas, la silueta de una joven puede aparecer recorriendo el sótano. También se habla de susurros que se escuchan desde la calzada y de una mano esquelética que atraviesa aquella tercera ventana para pedir lo mismo que Leonor habría buscado durante sus últimos días: un pedazo de pan o un vaso de agua.

El relato fue compartido durante un recorrido por el inmueble, donde actualmente se encuentra la Sala de Lectura Saúl Juárez, un espacio que resguarda más de seis mil títulos. Ahí, frente a la ventana que da nombre a la leyenda, los visitantes pudieron conocer una de las distintas versiones que se han transmitido entre guías, recorridos turísticos y narradores de historias de Morelia.

La antigua casona también guarda otros relatos. Durante su restauración, en el jardín fueron encontradas tres lápidas pertenecientes, según la explicación compartida durante el recorrido, a familias que habitaron el inmueble. Dos de ellas permanecen bajo resguardo del Centro Cultural.

Entre libros, antiguas paredes y una ventana que conserva el protagonismo de una historia transmitida de generación en generación, la leyenda de la mano en la reja sigue encontrando quien la escuche.

Porque quizá lo más inquietante de este relato no sea imaginar una aparición en medio de la noche, sino pensar en aquella mano que, según cuentan, alguna vez salió por una pequeña abertura sin encontrar a nadie que le ofreciera un poco de agua y comida.