Un minuto de silencio abrió el acto. No hizo falta decir mucho más: el vacío de quienes no regresaron de un incendio forestal se sintió entre quienes sí siguen ahí y quienes conocen y admiran la labor.
“Lo que cuidamos es nuestro hogar”, comentó Areli. Será su primera temporada de incendios, pero no es algo nuevo para ella: antes fue voluntaria y viene de familia; su papá también es brigadista. En su caso (como en el de muchos) no se trata solo de apagar incendios, sino de cuidar el lugar donde viven, donde crecieron.
En El Laurelito, brigadistas de distintas zonas se reunieron para recibir uniformes, equipo y víveres. Llegaron desde puntos como Los Olivos, Tenencia Morelos y El Páramo. Son, en su mayoría, habitantes de esas mismas comunidades: conocen el terreno, los caminos, los cerros. Y también lo que está en juego cuando el fuego avanza.
“Nosotros combatimos los incendios. Lo primero que hacemos es llegar hasta donde va el fuego”, explicó un jefe de brigada de la 325, en Tenencia Morelos. Lleva cinco años en esto. “Pues arriesgamos la vida”, respondió al preguntarle qué es lo más complicado de su trabajo.
Detrás de cada incendio hay más que condiciones climáticas. Durante el evento, el presidente municipal, Alfonso Martínez, volvió a señalar los incendios provocados y el cambio de uso de suelo como factores que agravan la situación en los bosques de Morelia… En el último año ha habido 3 detenidos.
La entrega incluyó equipo, uniformes y víveres, junto con donaciones reunidas en centros de acopio. Recursos que, aunque básicos, acompañan una labor que no se detiene.
