• Desde el aire, el contraste es evidente: una ciudad de cantera y piedra por fuera, con pequeños respiros verdes ocultos en su interior…
Morelia, Mich. | Agencia ACG.- No se trata de romantizar el abandono. En una ciudad cuyo Centro Histórico es Patrimonio Mundial de la UNESCO, la presencia de edificios vacíos, deteriorados o en riesgo de colapso es un problema latente; sin embargo, detrás de esos muros de cantera también se esconde otro paisaje: espacios donde la naturaleza ha comenzado a abrirse paso.
El hallazgo no siempre se percibe a nivel de calle. Desde un sobrevuelo con dron, el centro revela otra capa. Entre azoteas, cúpulas y estructuras cerradas, aparecen manchas verdes: vegetación que crece sin control dentro de casas abandonadas, formando pequeños pulmones dispersos en medio de la ciudad.
Algunos son apenas brotes entre escombros. Otros, pequeños jardines con árboles jóvenes que han crecido con el paso del tiempo. La falta de intervención, la humedad y el encierro han permitido que estos espacios se conviertan en refugios de vida vegetal; algunos de estos pueden observarse en zonas como la calle Virrey de Mendoza, Bartolomé de Las Casas, o en la esquina de Vicente Santa María y Mariano Elizaga.
No son los patios interiores tradicionales que caracterizan a la arquitectura moreliana. Aquellos, como explicó la doctora en Arquitectura Catherine Rose Ettinger Mc Enulty, en el pasado 34 aniversario del nombramiento de la UNESCO a Morelia como patrimonio mundial, formaban parte del diseño original de las viviendas, espacios pensados para la vida cotidiana. Estos, en cambio, son distintos: no fueron planeados, son consecuencia directa del abandono.
El fenómeno se relaciona con lo que la especialista advirtió en diciembre: la despoblación del Centro Histórico. Casas que dejaron de ser habitadas, que se fragmentaron o quedaron en desuso, y que hoy muestran otra cara, una que no se ve desde la calle.
En algunos casos, estos inmuebles representan un riesgo para la población. Estructuras debilitadas o predios sin mantenimiento, como el ubicado junto a San Agustín, evidencian el deterioro físico del patrimonio. Aun así, en su interior, la vegetación persiste y crece.
Desde el aire, el contraste es evidente: una ciudad de cantera y piedra por fuera, con pequeños respiros verdes ocultos en su interior. Espacios cerrados, olvidados, pero vivos, que revelan otra dimensión del Centro Histórico de Morelia.
