Por MARÍA ISABEL RODRÍGUEZ MARTÍNEZ*
El reconocimiento del gobierno de Estados Unidos añade una dimensión internacional a la captura. La cooperación bilateral en materia de seguridad se fortalece en un momento en el que el tráfico de drogas y armas sigue siendo un desafío compartido.
Hoy el Estado celebra un golpe histórico.
Ciudad de México —
Once años después de consolidarse como el rostro visible y el principal operador de una de las organizaciones criminales más violentas del país, Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, fue detenido. La captura del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación marca un punto de inflexión en la estrategia de seguridad del Estado mexicano y reconfigura el mapa del poder criminal en México.
Durante más de una década, el CJNG pasó de ser una célula emergente a convertirse en un actor dominante con presencia nacional e influencia internacional. Su crecimiento estuvo acompañado de violencia extrema, control territorial y capacidad financiera que lo posicionaron como uno de los cárteles más poderosos del continente. La detención de su máximo líder no es solo un golpe simbólico: es un movimiento estratégico con implicaciones profundas.
Desde el Senado, la presidenta Laura Itzel Castillo reconoció el trabajo de las fuerzas armadas, mientras que Morena y el PVEM respaldaron la estrategia de la presidenta Claudia Sheinbaum, destacando la coordinación del gabinete de seguridad encabezado por el Ejército Mexicano. El mensaje político fue claro: el Estado tiene capacidad operativa y determinación.
El reconocimiento del gobierno de Estados Unidos añade una dimensión internacional a la captura. La cooperación bilateral en materia de seguridad se fortalece en un momento en el que el tráfico de drogas y armas sigue siendo un desafío compartido.
Sin embargo, la detención de un líder no significa el fin automático de una organización. La historia reciente demuestra que los cárteles tienden a fragmentarse, reacomodarse o incluso recrudecer la violencia tras la caída de sus cabezas visibles. El verdadero reto será evitar que el vacío de poder se traduzca en disputas internas o expansión de células alternas.
Once años después de haber consolidado un imperio criminal, la caída de “El Mencho” envía un mensaje contundente: ningún liderazgo es intocable. Pero la paz duradera no se construye solo con capturas; se consolida con presencia institucional, justicia efectiva y reconstrucción del tejido social.
Hoy el Estado celebra un golpe histórico. Mañana, deberá demostrar que fue el inicio de una transformación sostenida en la seguridad del país.
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* María Isabel Rodríguez Martínez. Es licenciada en Historia por la UMSNH, cursó el posgrado de maestría en el instituto de Investigaciones Históricas (IIH) de la misma institución. Su línea de investigación se desarrolla en torno a la historia Intelectual y cultural de América Latina del siglo XX; y Pensamiento Hispanoamericano. Ha desarrollado diversas estancias de Investigación entre las que destacan la Institución cultural Casa de las Américas la Habana, Cuba, junto al escritor cubano Roberto Fernández Retamar; La Universidad Complutense de Madrid y La Universidad Autónoma de Barcelona, esta vez junto al profesor Manuel Aznar Soler (especialista en literatura española del exilio). Ha publicado diversos artículos en revistas de filosofía de la UMSNH Y UNAM.