Por ARACELI GUTIÉRREZ CORTÉS*
En palabras de Donal Trump, la Presidenta de México es una muy buena persona, tiene una voz hermosa, una mujer hermosa… ¡pero qué voz hermosa!; palabras textuales de su discurso mientras se refería a nuestro país el pasado 7 de marzo, en la cumbre de seguridad denominada Escudo de las Américas, ante la presencia de doce países latinoamericanos, donde por cierto, México no estaba presente.
Más allá de todo lo que hay detrás de este personaje como el bully que es, más allá de la situación que nuestro país vive frente a ese macho bravucón, resulta inaceptable la ironía de sus palabras, pues no sólo dijo lo ya referido, sino que después trato de imitar la voz de la presidenta de México haciendo referencia a que ella le rogaba no intervenir en este país.
Imaginemos por un momento a Donald Trump subiendo al podio en una cumbre internacional y declarando que Vladimir Putin es un hombre hermoso, con una voz preciosa o que Mark Carney es un tipo muy lindo, me encanta su voz. Suena completamente absurdo e impensable ¿cierto? Desde mi perspectiva, esto demuestra que la métrica de validación de Trump está fracturada por el género. A los hombres, incluso a sus adversarios, los mide y los ataca por su fuerza, su peligro o su astucia; a nuestra presidenta, primero la somete a un filtro de condescendencia física antes de reconocerle o negarle su autoridad.
En la diplomacia y en la política de alto nivel, la condescendencia es una forma de dominación. Al decir: tiene una voz hermosa justo antes de imitarla en un tono de súplica y ruego, Trump utiliza el supuesto halago para minimizarla. Construye una narrativa donde él es el hombre fuerte y protector que toma las decisiones difíciles, mientras que ella es retratada casi como una damisela que, aunque hermosa, es incapaz de controlar su propio país y tiene que rogarle por ayuda.
Las cualidades que se reconocen entre pares a nivel internacional son la capacidad de mando, la firmeza diplomática, la estrategia geopolítica o el liderazgo. Cuando un mandatario extranjero evalúa a la Presidenta de México por su belleza y no por su capacidad de Estado, no está elogiando a la mujer; está intentando empequeñecer a la nación que ella representa. Ese es un ataque directo a la soberanía disfrazado de cortesía.
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*Araceli Gutiérrez Cortés. Es abogada por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo; cuenta con dos maestrías: En Gobierno y Asuntos Públicos; y, Derecho Procesal Constitucional. Actualmente cursa el Doctorado en Derecho Electoral. Integrante de Abogadas de Michoacán A.C. Ha sido asesora en el Senado de la República. Funcionaria, consejera y presidenta del Instituto Electoral de Michoacán (IEM).