La tersa cita de este 7 de marzo en el Consejo Nacional de Morena no es para todos. En Michoacán, el horno no está para bollos. Si, mientras en la capital del país, se diseñan manuales, aquí en el estado la división es un secreto a voces que quema.
Las corrientes bedollistas y moronistas ya no disimulan el forcejeo. La unidad, en estas tierras, es apenas una palabra hueca. Una café entre los líderes y/o una imagen sonriente ya no basta. El conflicto requiere de una cirugía mayor y reglas de acero.
Cómo blindar la selección de coordinadores de la defensa de la 4T, visualizados cómo candidatos a la próxima gubernatura. Las encuestas espejo podrían ser el único termómetro aceptable; sin auditoría externa, el reclamo de imposición será casi a morir.
Se supone que la dirigencia nacional de Morena lo contextualiza bien y que no puede dejar caer a una entidad que está a modo. Hay casi la certeza de una distribución territorial y equilibrio de fuerza; si una corriente logra dicha coordinación, la otra…
Sin duda, el veto al nepotismo será la guillotina para varios aspirantes, una justificación ideal para limpiar el camino. Sin embargo, el reto real es el filtro contra intereses oscuros, por lo que blindar la selección de la candidatura es supervivencia pura.
Como se ve, la moneda sigue en el aire, en un ambiente nada claro, ruidoso, sin que sea vea a ambas corrientes fumar la pipa de la paz.
