Las fábricas que operan empresas extranjeras son vitales para la economía de ciudades fronterizas como Tijuana y sus miles de trabajadores
Agencias / La Voz de Michoacán
Tijuana, Baja California. En su camión cargado con vehículos Toyota, Raúl Hernández hace fila al amanecer para cruzar la frontera entre México y Estados Unidos, preocupado por los aranceles del presidente estadounidense, Donald Trump.
Aunque México y Canadá se libraron de los nuevos impuestos aduaneros anunciados por Trump este miércoles, ambos países ya habían sido castigados con un arancel de 25% a la industria automotriz, buque insignia del tratado comercial de Norteamérica (T-MEC).
«Va a dejar mucha gente sin trabajo aquí», dijo Hernández a la AFP en Tijuana antes de que Trump anunciara la batería de gravámenes a decenas de países, incluido China, algunos de cuyos productos son enviados vía terrestre a Estados Unidos desde esta ciudad.
Las fábricas que operan empresas extranjeras son vitales para la economía de ciudades fronterizas como Tijuana y sus miles de trabajadores, señaló Hernández, de 37 años, mientras hacía cola para pasar a la vecina San Diego.
Muchos puestos de trabajo dependen de las exportaciones a Estados Unidos. «Si las plantas paran por los aranceles sí perjudica a México, perjudica a la ciudadanía mexicana».
Detrás de él, en la fila de camiones, Omar Zepeda también transporta camionetas Toyota Tacoma desde una planta cercana de esa armadora japonesa.
Al igual que Hernández, Zepeda está nervioso por el impacto de los aranceles.
«Va a bajar bastante el trabajo con nosotros, porque va a subir el producto (de precio) y va a haber menos compras», prevé este conductor de 40 años.
Trump mantuvo este miércoles los aranceles a los autos, el acero y el aluminio, que ya afectaban a México, como una manera de presionar a sus autoridades a combatir la migración ilegal y el tráfico de fentanilo, según un funcionario de la Casa Blanca.
– «Viene algo difícil» –
Las ciudades industriales del norte de México albergan miles de fábricas gracias a beneficios fiscales y al T-MEC.
La mayor parte de las familias en Tijuana trabajan en «el transporte y la mano de obra», apunta Zepeda.
«La verdad está muy difícil lo que viene», asegura.
La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, reconoce la incertidumbre. Este miércoles temprano reiteró que esperaría a conocer los nuevos aranceles antes de anunciar un plan económico «integral» para hacer frente a la situación. El programa será presentado el jueves.
– Ojo por ojo –
En Tijuana, donde la pobreza y el crimen no dan tregua, no solo los empleados de fábricas y del transporte dependen de los miles de millones de dólares del intercambio comercial entre México y Estados Unidos.
Charito Moreno, quien vende burritos a los camioneros en un puesto junto a la barda fronteriza, dice que los aranceles lastimarían a toda Tijuana si las plantas despiden trabajadores.
«Toda la gente depende de esas empresas», afirma esta mujer de 44 años.
Si las compañías acuden al llamado de Trump para mover su producción a Estados Unidos, «sería muy trágico para Tijuana porque pues mucho trabajador se quedaría sin empleo», dice.
Al salir de un camión que lleva equipo para albercas a Estados Unidos, Antonio Valdez dijo que ahora los transportistas tienen más papeleo que entregar.
«Un trámite salía en una hora. Ahorita tardan todo el día en hacer el cálculo y el pago de impuestos» ya vigentes, dice, tras comprar un burrito y seguir su camino hacia Estados Unidos.
Aunque Sheinbaum ha descartado una respuesta del tipo «ojo por ojo, diente por diente», el camionero Alejandro Espinoza cree que México debe responder a Estados Unidos donde duele. Si imponen aranceles, «ya no les vamos a mandar aguacates. A ver cómo le hacen», dijo sonriendo.