Morelia, Michoacán a 14 de enero del 2026.- El aroma a azúcar y fritanga llenaba el aire del Jardín Morelos, mejor conocido como la Plaza “El Caballito”, donde los comerciantes ambulantes se dieron cita en punto de las 9:30, durante el marco de las bodas masivas para ofrecer sus garnachas a los futuros esposos y asistentes al evento.
“¡Chicharrones!”, gritaba un vendedor, mientras otro ofrecía “¡Churros de azúcar!”, justo en el momento en que los oficiales de los Registros Civiles del estado preguntaban a los novios si aceptaban unirse en matrimonio.
La escena era pintoresca, recién sacada de un cuento de hadas, que solo los mexicanos sabemos contar. Se veía a los espectadores degustar los productos de los comerciantes como las papas fritas, los garbanzos con mucha salsa, las paletas de hielo por eso del calor y los algodones de azúcar, donde seguro estaban guardadas las argollas matrimoniales. Todo esto, mientras esperaban a que finalizara la celebración, para después, irse a formar por una rebana de pastel de chocolate para cerrar con broche de oro la unión colectiva.