Dos días después de las flores y las cenas de San Valentín, el calendario marca otra historia. El 16 de febrero ha encontrado un lugar propio en el corazón de quien todavía recuerda lo que no fue, lo que quedó en “casi” y en lo que aún late sin nombre en el día de los amores imposibles
«Oh, glorioso San Antonio, te pido me mandes un compañero lo más pronto posible ya que tengo mis añitos (…)» escribe un exvoto dedicado al santo.
Por Asaid Castro/ACG
Morelia, Mich. | Agencia ACG.- Viste hábito marrón, sandalias gastadas y sostiene con ambas manos la figura de un santo que carga al Niño Jesús. A primera vista, parece una imagen religiosa más, pero aquí la posición dice otra cosa: está de cabeza.
Es San Antonio de Padua , convertido en patrono de una petición que va más allá de lo ordinario. La tradición de poner a San Antonio de cabeza para pedir ayuda en el amor no nace de un decreto eclesiástico, sino de la fe popular: diversas versiones cuentan que una mujer desesperada por encontrar un buen marido vio al santo invertido en una aparición y, tras seguir esa “señal”, consiguió su deseo.
Desde entonces, voltear la figura y hacer una petición amorosa se volvió un gesto cargado de esperanza para quienes buscan pareja o anhelos sentimentales difíciles de alcanzar.
Entre lo dicho y lo no dicho
Al 14 de febrero le sigue esta fecha no oficial, llamada Día de los Amores Imposibles. No aparece en los calendarios litúrgicos ni en la Iglesia, pero sí en las conversaciones de quienes recuerdan aquel “te escribí y no te envié el mensaje” o aquel “quizá algún día”, un día para mirar lo que quedó en la memoria, lo no concretado o lo guardado en silencio.
En México, esa conversación íntima con el amor a menudo se dirige, con gestos, rezos o silencios, a San Antonio de Padua, a quien la tradición popular también ha asociado con hacer realidad causas difíciles, entre ellas el amor imposible.
En Morelia hay un punto donde estas historias convergen de forma palpable. En San Miguelito, un restaurante en la capital, se resguardan alrededor de 835 figuras del santo, según personal del lugar, muchas de ellas colocadas de cabeza como parte de esa “penitencia” simbólica mientras la petición no se cumple.
La colección tiene contrastes llamativos: la pieza más antigua es un cuadro con más de 100 años de antigüedad y, en el extremo opuesto, hay una figura diminuta, más pequeña que un alfiler. Entre ambas caben esculturas de más de dos metros y medio de altura, donadas por personas que, aseguran, regresaron para agradecer el favor recibido.
No se trata de un santuario formal, pero sí de un espacio donde las imágenes se acumulan junto con fotografías, cartas y relatos de quienes dicen haber encontrado pareja después de encomendarse al santo. Cada nueva figura llega como testimonio o como promesa.
Fe, anhelo y superstición
«Poner al Santo de cabeza», no forma parte de la práctica religiosa formal que reconoce la Iglesia Católica; en distintos espacios se ha señalado como una costumbre popular más cercana a la superstición que al rito litúrgico. Sin embargo, la tradición sigue vigente y se replica en casas, altares improvisados y espacios públicos.
Este 16 de febrero, mientras el llamado Día de los Amores Imposibles circula principalmente en redes sociales, la imagen invertida del santo continúa apareciendo en los rituales de la ciudad. Para algunos es devoción, para otros tradición; para muchos, simplemente una forma de no renunciar a la idea del amor.
