Tres pinturas antiguas de muy fina pincelada al óleo que fueron rescatadas de un posible destino trágico

Erandi Avalos, colaboradora de La Voz de Michoacán

Huiramba es un municipio pequeño ubicado a 35 km de Morelia y llegar a la cabecera municipal, del mismo nombre, es muy fácil, ya que se encuentra solamente a unas cuadras de la carretera Morelia-Pátzcuaro. Parece increíble que al lado de esa concurrida vía, exista una plaza tan bella y pacífica. Huiramba significa “lugar donde hay una piedra laja grande” y hacia el año 1459 se sumó por propia determinación al Puréecherio, el Imperio P´urhépecha. En todo su territorio se han encontrado muchos vestigios, sobre todo tepalcates, figurillas antropomorfas y zoomorfas, además de puntas de flecha de obsidiana, especialmente en El Sobrado y en el propio pueblo de Huiramba. Cuentan los pobladores que las piezas más grandes y bellas fueron vendidas a coleccionistas o a gente que tenía contactos con museos, pero no hay registro de su ubicación actual. Ya en La Relación de Michoacán (siglo XVII)se menciona el poblado Curinguaro, actual San Simón Quirínguaro.

Como en muchos de los asentamientos prehispánicos de Michoacán, los agustinos construyeron el primer templo en Huiramba, que todavía se conserva, aunque con remodelaciones, y está conectado al mismo atrio de la posterior Parroquia del Niño de Jesús, que por cierto tiene una imagen de bulto del Niño Dios Pasionario muy bien elaborada. Muy cerca, en ese mismo municipio encontramos una de las joyas culturales del estado: el templo dedicado a Santiago Apóstol. Pero de este lugar hablaremos en otra ocasión. Antes de ser elevado a la categoría de municipio, apenas en 1950, sus poblaciones formaron parte de Tiripetío, Pátzcuaro y de Acuitzio. Un dato destacado de este lugar es que fue locación del largometraje dirigido por Alfonso Arau Calzonzin inspector (1974), pero de ese tema también hablaremos posteriormente.

En este pueblo de buen sazón y gente amable, nació a finales de la década de los ochenta, Gabriel Argenis Ponce Fuentes quien tiene el mérito de haber propuesto la fundación del Museo Comunitario de Huiramba. Gabriel es licenciado y maestro en Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México y actualmente cursa el doctorado en la misma institución. En este campo, sus intereses están centrados en la estética, la filosofía política y la filosofía de la cultura. Es un promotor cultural nato. Trabaja desde hace diez años en su localidad, fortaleciendo el sentido comunitario, tema de su tesis de licenciatura. También es fotógrafo y escritor aficionado. Con todo eso encima, se da tiempo de ser el Coordinador General del Museo Comunitario de Huiramba, ubicado en la antigua casa parroquial, una preciosa construcción colonial que se conserva en buen estado y que no estaba teniendo uso alguno.

Al ver algunos de los objetos, parafernalia y obras de arte sacro que ya no se utilizaban ni en la liturgia, ni para decoración de la iglesia, y estaban arrumbados o a punto de ser desechados, Gabriel le sugirió al párroco Fernando Vanegas Colín la idea del museo, misma que fue bien recibida. Así que se comenzó a conformar un equipo de colaboradores que con entusiasmo, trabajaron varios meses para abrir las puertas al primer y único museo de Huiramba, el 18 de enero de este año. Importante mencionar sus nombres porque cada ciudadano consciente del trabajo colectivo para el beneficio de su entorno, merece ser reconocido por su trabajo pro bono: Eduardo Jiménez, Miguel Fuentes, Marco Antonio Cerna, Yuritzi Espinoza, Deny Juárez, Domingo Fuerte, Rigoberto Juárez, Cuauhtli Quintero, Vicente Domínguez, Damy Alan Rocel, Alondra Zavala, Jaime Velasco, José Luis García y Salvador Guillén.

Para complementar las piezas de la parroquia que conforman el primer acervo, lanzaron una convocatoria a todo el pueblo para recibir donaciones. Desde entonces, continúan llegando piezas que la gente considera tienen algún valor histórico, estético o sentimental para el pueblo. Hasta ahora, los donadores son: María de Lourdes Segura, Familia Rojas, Familia Rangel, Luis Fernando Acosta, José Arturo Segura, Teresa Gutiérrez Ramírez, María Luz Becerra Cornejo y Guillermina Reyes. Llaman la atención las piezas prehispánicas encontradas en el pueblo, parafernalia litúrgica textil, metalúrgica y documentos como indulgencias y otros en latín, que están en espera de ser traducidos. Algunas antigüedades: fotos, máquinas, muebles…

Tres pinturas antiguas de muy fina pincelada al óleo que fueron rescatadas de un posible destino trágico: un bautismo de Cristo, una pintura de una santa que, a decir del párroco, es Santa Eduviges con dos niños. Otra, que todavía no se muestra al público en general, es una Santísima Trinidad del pintor moreliano Jesús Pérez Busta, fechada en 1929, encargada por Delfina R. Ochoa. A pesar de que las tres requieren restauración, son piezas realmente bellas.

Cuenta Gabriel que ahora es común que la gente por la calle le comente al saludarlo que, en casa tienen tal o cuál objeto que más valdría donar para que la gente lo pueda ver. En los escasos tres meses que tiene abierto, ha detonado un diálogo intergeneracional: en el poco tiempo que estuve ahí, visitaron un par de decenas el museo, y todos los mayores compartían las memorias que tienen de Huiramba, leyendas y hechos históricos.

El Padre Fernando manifiesta su alegría por el éxito que ha tenido este proyecto y su compromiso para conservar y resguardar lo que ahora conforma la primera parte de este nuevo Museo Comunitario de Huiramba. En cada misa, invita a la gente a asistir al museo.

Estoy segura que Luis González y González, gran impulsor de la microhistoria en nuestro país y reconocido a nivel internacional, estaría feliz con este proyecto. Cierro citando un pequeño fragmento de su ponencia en el Primer Encuentro de Historiadores de Provincia, que tuvo lugar en San Luis Potosí, en el año de 1972:

“Si nos atrevemos a romper con la tradición lingüística, el término de historia matria le viene como anillo al dedo a la mentada microhistoria. El vocablo de historia matria puede resolver el problema de la denominación. También, en plan de aventura, podríamos adoptar el nombre de historia yin. ¿Quién no sabe que en el taoísmo el aliento yin es el femenino, conservador, telúrico, suave, oscuro y doloroso? Historia matria, historia yin, metrohistoria, microhistoria, historia parroquial, pero no una palabrota como microhistoriografía. Tampoco es necesario para seguir adelante, dar con el nombre justo. Sin él se ha ejercido la especie durante dos mil años.”

Enhorabuena para Gabriel, para el padre Fernando, para todos los colaboradores, donadores y para el pueblo entero de Huiramba. México necesita más gente como ellos.

Erandi Avalos, historiadora del arte y curadora independiente con un enfoque glocal e inclusivo. Es miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte Sección México y curadora de la iniciativa holandesa-mexicana “La Pureza del Arte”.