Adolescencia emerge como un estudio perturbador y revelador del devenir humano en la era digital

Alejandro Sosa, colaborador La Voz de Michoacán

En el cruce entre la técnica cinematográfica de vanguardia y la incisiva reflexión sociocultural, la miniserie Adolescencia emerge como un estudio perturbador y revelador del devenir humano en la era digital. Esta miniserie británica, dirigida por Philip Barantini y escrita por Jack Thorne y Stephen Graham, se despoja de las narrativas convencionales para adentrarse en la complejidad del yo en crisis. La propuesta, producida por Stephen Graham, se compone de cuatro episodios que se despliegan en planos secuencia, una técnica que intensifica la carga emocional y empuja al espectador a experimentar en tiempo real, la tensión que envuelve a su protagonista, interpretado con una inquietante autenticidad por Owen Cooper.

Al analizar Adolescencia se revela una obra que trasciende lo meramente narrativo, para convertirse en un espejo de la condición contemporánea. La puesta en escena, cuidadosamente orquestada, pone de manifiesto la dualidad entre lo humano y lo simbólico: la violencia latente en la adolescencia se refleja en cada movimiento de cámara, en cada silencio que pesa como una interrogante existencial. En este sentido, la obra se alinea con las corrientes filosóficas y sociocríticas que han marcado el cine de arte en Europa, donde el lenguaje fílmico se vincula como una forma de análisis psicológico y material, explorando las contradicciones que configuran la identidad social.

La narrativa de Adolescencia no se limita a trazar la historia de un joven en conflicto, sino que se sumerge en el entramado de relaciones familiares y sociales que forjan el carácter de una generación. La interpretación de Stephen Graham, en el papel de Eddie Miller, aporta una dimensión paternal que evoca las tragedias griegas reinterpretadas en un contexto moderno; mientras que Erin Doherty, como la psicóloga Briony Ariston, infunde a la trama una melancolía que trasciende la mera funcionalidad narrativa, para cuestionar el tejido moral de la sociedad. Así, el relato se convierte en una meditación sobre la violencia estructural y la crisis de valores en un mundo saturado de imágenes y discursos efímeros.

Desde una perspectiva estética, Adolescencia se presenta como un testimonio del poder del cine para desentrañar las complejidades del ser. La elección de filmar en plano secuencia, no es un mero artificio; funciona como una metáfora visual de la continuidad y la inexorabilidad del tiempo, desafiando al espectador a confrontar su propia vulnerabilidad ante la inminente transformación del yo. La obra resuena en términos que recuerdan a los grandes ensayos de cine francés y ruso, donde lo íntimo y lo universal se funden en una síntesis que es tan perturbadora como esclarecedora. Con una dirección que oscila entre la precisión técnica y la sensibilidad poética, la obra se consagra como una de las mejores propuestas en el audiovisual contemporáneo, una declaración audaz sobre la imperiosa necesidad de repensar el cine.

Espacio Solaris es un espacio de exhibición cinematográfica independiente, alternativo e incluyente ubicado en el corazón de la ciudad de Morelia. También es el hogar del podcast Butaca 39 y de la Muestra de Cortometraje Contemporáneo 5C.

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