La historia de la Plaza Valladolid en Morelia: un espacio del Centro Histórico que transitó de cementerio y mercado tradicional a convertirse en foro cultural.

Arved Alcántara / La Voz de Michoacán

Hoy, la Plaza Valladolid se presenta como una de las explanadas más abiertas y reconocibles del Centro Histórico de Morelia. Frente al antiguo conjunto franciscano integrado por el Templo de San Francisco y el antiguo Colegio de San Buenaventura, convertido en sede de la Casa de las Artesanías, el espacio suele albergar festivales culturales, conciertos, exposiciones, actividades infantiles, actos políticos y encuentros ciudadanos.

Su amplio espacio permite apreciar sin obstáculos la arquitectura de cantera que la rodea. Sin embargo, durante más de un siglo la imagen de este lugar fue muy distinta. Antes la plaza fue cementerio, mercado, tianguis y escenario de una prolongada disputa entre el comercio popular y los proyectos de recuperación urbana del Centro Histórico.

La narrativa de este espacio se encuentra estrechamente vinculada a los orígenes mismos de la ciudad. Diversos cronistas e investigadores han señalado que la zona ocupada por el conjunto franciscano constituyó uno de los primeros núcleos urbanos de la antigua Valladolid de Michoacán. Desde la década de 1540 comenzaron a desarrollarse las edificaciones vinculadas a la orden franciscana, varios años antes de que se consolidara la imagen urbana que hoy caracteriza a esta zona.

Durante siglos, el terreno que actualmente ocupa la plaza funcionó como cementerio del conjunto religioso. La presencia de tumbas y muros era parte habitual del paisaje que rodeaba al convento y al templo de San Francisco. No fue sino hasta mediados del siglo XIX cuando las transformaciones impulsadas por el Estado mexicano modificaron de manera profunda el destino de este espacio.

En 1859 las autoridades ordenaron la demolición de las bardas del antiguo camposanto y dispusieron la creación de una plaza pública. La medida se concretó un año después y el nuevo espacio recibió el nombre de Plaza de la Constitución. La transformación respondió a una época de cambios políticos y urbanos en la que numerosos cementerios localizados dentro de las ciudades fueron clausurados o reubicados.

Corazón del comercio

La vida de aquella primera plaza, sin embargo, fue breve. Apenas poco más de una década después, en 1872, las autoridades municipales determinaron trasladar al lugar a los comerciantes que ocupaban el antiguo mercado instalado donde actualmente se encuentra la Plaza Melchor Ocampo. De esta forma comenzó una relación entre la explanada y la actividad comercial que se extendería por más de 100 años.

Los primeros vendedores llegaron con estructuras sencillas, toldos y puestos provisionales. La afluencia de comerciantes y clientes fue tal que el Ayuntamiento decidió construir un inmueble formal para albergar el mercado. La obra se desarrolló entre 1899 y 1909, dando pase oficial a la presencia de una actividad económica que convirtió al lugar en uno de los principales puntos de abastecimiento de la ciudad.

Aquel mercado fue objeto de diversas intervenciones a lo largo del tiempo. Se registraron obras de mejora en 1932 y nuevamente en 1959, reflejo de la importancia que había adquirido dentro de la dinámica urbana de Morelia. Durante décadas, miles de personas acudieron diariamente a realizar compras, intercambiar mercancías o simplemente recorrer sus pasillos.

La Plaza Valladolid que hoy se asocia con eventos culturales y actividades turísticas fue, durante buena parte del siglo XX, uno de los principales puntos comerciales de la capital michoacana. El flujo constante de oferentes y compradores terminó por rebasar las capacidades del mercado, lo que motivó una nueva reubicación. Las actividades fueron trasladadas al sitio donde actualmente se encuentra el Mercado Independencia.

Pero el cambio de sede no significó el abandono de la plaza por parte de los comerciantes. Después de casi 90 años de presencia continua, muchos vendedores permanecieron en el lugar incluso después de que el antiguo mercado fuera demolido. Lo que desapareció fue el edificio; la actividad continuó ocupando la explanada mediante puestos semifijos y estructuras temporales.

Con el paso del tiempo, la plaza se transformó en un gran tianguis al aire libre. La mercancía también cambió. Si en sus primeras etapas predominaban productos de abasto cotidiano y alimentos, posteriormente comenzaron a multiplicarse los puestos de ropa y diversos productos conocidos popularmente como fayuca.

La costumbre de acudir a la plaza formó parte de la vida cotidiana de varias generaciones de morelianos. Los fines de semana era frecuente que familias enteras recorrieran los puestos después de asistir a misa en el templo de San Francisco. Muchas personas acudían a observar mercancías, convivir o comprar antojitos, dulces tradicionales o elotes al vapor.

Durante esos años, gran parte del patrimonio histórico del lugar permaneció oculto detrás de lonas, estructuras metálicas y bodegas improvisadas. Uno de los casos más llamativos fue el de una antigua pila ubicada en el centro de la explanada. Durante décadas permaneció prácticamente invisible para la mayoría de la población debido a que los puestos y las instalaciones comerciales cubrían por completo su existencia.

Entra la UNESCO

La historia moderna de la plaza comenzó a cambiar nuevamente tras el reconocimiento internacional otorgado a Morelia por la UNESCO. En diciembre de 1991, la ciudad fue inscrita como Patrimonio Mundial, una distinción que implicó compromisos relacionados con la conservación de sus monumentos históricos y de su imagen urbana.

A partir de entonces se intensificaron los esfuerzos para recuperar espacios públicos ocupados por el comercio informal dentro del Centro Histórico. Las autoridades municipales comenzaron a plantear la necesidad de eliminar elementos que impidieran la apreciación de edificios históricos o alteraran el entorno urbano protegido.

La Plaza Valladolid se convirtió en uno de los principales escenarios de este proceso. Para entonces no sólo existían vendedores en la explanada, sino también en portales, banquetas, andadores y diversos espacios del primer cuadro de la ciudad.

La imagen actual de la Plaza Valladolid comenzó a definirse a partir de ese proceso de recuperación urbana. La explanada quedó abierta, permitiendo una mayor visibilidad del conjunto franciscano.

No obstante, la relación entre el espacio y el comercio nunca desapareció por completo. Incluso después de los operativos y las restricciones establecidas para el Centro Histórico, distintas expresiones temporales de actividad comercial continuaron apareciendo en la plaza. Ferias temáticas, exposiciones artesanales y eventos gastronómicos han mantenido viva una tradición que se remonta al siglo XIX.

Todavía en años recientes, actividades como la Feria del Pan han ocupado temporalmente parte de la explanada, evocando el pasado comercial que durante generaciones definió la identidad del lugar. La Plaza Valladolid conserva así las huellas de cada una de las etapas que ha atravesado: cementerio conventual, plaza pública, mercado permanente, tianguis popular y foro abierto para la vida cultural de Morelia.

Se activó en 2001 Plan Maestro de Rescate

El Plan Maestro de Rescate tuvo su fase más importante de recuperación la noche del 4 de junio de 2001, con el desalojo de todos los ambulantes del primer cuadro de Morelia y sus plazas y calles circunvecinas durante la madrugada del día siguiente. La estrategia fue encabezada por el entonces presidente municipal, Salvador Galván Infante, en coordinación con el exgobernador de Michoacán, Víctor Manuel Tinoco Rubí. Este mismo año el Ayuntamiento aprobó un Bando Municipal que restringió las actividades comerciales en la zona de monumentos.

La intervención dejó libres los espacios públicos que durante décadas habían estado ocupados por puestos y estructuras comerciales. Fue entonces cuando muchos morelianos pudieron observar nuevamente elementos arquitectónicos e históricos que permanecían ocultos. Entre ellos destacaba la antigua pila ubicada en el centro de la explanada de Plaza Valladolid.

Además de la reubicación del comercio informal de las plazas y portales, el proyecto incluyó el retiro de la antigua terminal de autobuses, la reubicación de instalaciones y el uso de cableado subterráneo.